-o sí escribiste-
yo
Arde
este silencio
mi eclipsada noción
de la palabra
Arde
mi verborrágica intención
de re-narrarme
fabularme
encastillarme letra a letra
sobre infinitas naipes literarias
Arde la gruta épica
por donde se disparan mis excusas cotidianas
El mundo arde en mi garganta
en prisión
a mandíbula cerrada
Y arden más aún
-hasta las lágrimas-
mis dedos de carbón y lanzallamas
Dos en arrecifes
dos en un tugurio
Dos frente a un melón
de mediatarde
apelmazada de perfume y de semilla
dos
trenzando el qué sé yo
de nuestras vidas
un detalle
una rispidez visual
ella es una palabra olvidada
en un poema que no debería existir
trastabillada
en los mares
la que fluctúa
plena de hipnosis
en la barcaza de mi palma
Disparada desde la nada
me ha herido
irreversible
una palabra
una sola
ladina, disfrazada
carcajea, se arrebola
ay... cuando se planta y satiriza
lustrosa por el zaguán
en el que apenas sopla la memoria
es ella la que manda
crepita entre mis dedos
la malvada
se hace ignorar
corre, desenvuelta en mi ardid
entonces habla
Mentira...! me susurra
y a veces canta
es esta palabra no una melodía
ni la lluvia acariciándome las uñas
ni este ta-ta-tam
donde redobla y se cae la tarde
todo eso no es nada
Ni imaginan la pirueta
en que ese ardor me asalta
es que es ella
la mismísima
la palabra.
Me quiebro
tengo los dedos mojados
helados, inquietos,
desiertos
Me tiemblo
de no respirarte
beberte, arrastrarte conmigo a palmas abiertas
sobre mi cuerpo de huecos y huesos
y besos
abriendo en tu boca
mi desbocada conciencia
mis labios doblados
resecos, quemados
pegados al tobogán de tu sal
Me caigo, me quiebro
me tiemblo
me pierdo
me sepulto en tu agua
Voz, manos, pies
identidad de cemento
Te peso y levito
Y adios
abandonar un gemido en tus nalgas
Y borrar hasta mi olor de tu sombra
Dejar de existir
para ver abarrotada la oscuridad con tus piernas
para verte morder la noche espesa
en el desamparo del límite
en la acre soledad de la espera
-me seguirás la huella si acaso respiro
mientras dibujo un trazo de sabor en tu espalda-
Me abro me incendio
me derramo de hambre sediento
vuelvo
te arraso desciendo me escapo
me resbalo en tu alma
me caigo me pierdo me quiebro
me tiemblo
tu inmensidad me estalla
Me muero un milenio
-Nada-
Alrededor
ni siquiera se ha movido de lugar
la madrugada.
Inconclusa fantasía
de esta ciudad despareja